Fray Luis de León (1527-1591) nació en Cuenca de una familia judía. Estudió en Madrid, Valladolid y Salamanca, donde fue discípulo del humanista Melchor Cano.
Instalado allí, profesó en la orden de San Agustín en 1544. Estudió hebreo y en 1558 es maestro en Teología. Un año después fue catedrático en Salamanca. Sus ideas, sus obras literarias, su temperamento y su rivalidad con los dominicos hacen que sufra entre 1572 y 1577 un proceso inquisitorial. Libre de su prisión, comenzó sus clases -como se cuenta habitualmente- con la frase: "Decíamos ayer..."
Entre 1582 y 1584 sufre un segundo proceso, pero en 1591 fue elegido provincial de los Agustinos. Murió en Madrigal de las Altas Torres.
Los procesos y sinsabores sufridos, probablemente, formaron un carácter apasionado y, en ocasiones, agresivo.
Escribió obras en latín, traducciones castellanas de esa lengua, del griego y del hebreo, y, cómo no, vernáculas.
Conservamos una apología de la prosa castellana en su diálogo De los nombres de Cristo y sus poesías originales castellanas. Aunque consideradas marginales por él mismo, fueron editadas póstumamente por Quevedo, como ejemplo de elegancia estilística |