Folio 2 vuelto del Cantar de Roncesvalles
 
no conquisté Zaragoza,    donde me hirió esta lanzada.
Con tal pena estoy, sobrino.    ¡Ojalá estuvieseis vivo!
¡Ahora quisiera el Criador    y mi Señor Jesucristo
que muriese en este lugar,    que me llevase contigo!
De estos muertos    que aquí tengo conmigo
me dirías las noticias:    cada uno qué hizo."
El rey, cuando esto dijo,    cayó desvanecido.

 
Dejemos al rey Carlos,    hablemos de otra cosa:
tratemos del duque Aymón,    padre de don Rinaldo.
Vio yacer a su hijo    entre los muertos,
despeñóse del caballo    por el gran dolor que tiene.
Le levantó la cabeza,    oiréis lo que le dijo:
"¡Qué cuerpo tan acabado!    Nadie vio nunca tal.
Vos debíais vivir,    debía yo morir ya.
Pero este viejo mezquino    siempre tendrá mal.
Por lo que más me consuelo    es porque perdonaste a Roldan.
Fallecisteis entre moros,    ¡vuestra alma está en buen lugar!
¿Quién llevará los recados    a vuestra madre,
a las tierras    de Montalbán?
Haciendo el duque     su duelo tan grande,
le dieron recado    de que estaba desvanecido el Emperador.
Mandó sacar al hijo    de entre los muertos.
Venía el duque Aymón,    que es duque de Bretaña,
el caballero Beart,    el hijo de Terrín de Ardeña.
Vieron al rey,     desvanecido estaba.
Toman agua fría,    al rey la aplicaban... ©